Traducido por: Tsuyu Scan para la web Catharis.
Capítulo 445 Un pequeño polizón
—¡OYE! —un grito proveniente de un carruaje del frente lo sacó de su trance. Luego el carruaje se detuvo tan abruptamente que cayó de su asiento.
Oslo se frotó el trasero aturdido, asomándose entre la cortina. —¿Qué?
—¡¿Qué está pasando?! —también gritó Olga desde el carruaje trasero. En lugar de una respuesta, escucharon un pequeño forcejeo y algunas voces entre furiosas y asustadas.
Salió de su carruaje y vio que Olga y sus doncellas también estaban bajando. Sus miradas se cruzaron y se giraron para mirar el carruaje del frente.
Observaron a Otto y a su único guardia, el apuesto Silva, que se mantenía protector al lado de su amo.
En ese momento, Otto miraba el carruaje con una expresión complicada. ¡Debería haberse quedado en su carruaje! Pero, ¿quién le mandaba ser tan sociable y no poder vivir sin parlotear un par de horas?
¡Escogió al azar el de Obi y ahora se arrepentía! ¿Acaso sería daño colateral?
—¿Qué está pasando? —preguntó Olga a su gemelo, que se veía muy pálido mientras observaba el carruaje de Obi sacudirse un poco en lo que parecía un forcejeo.
—¿Deberíamos ir a ayudar? —preguntó Oslo, aunque en parte no lo decía en serio. Obi estaba muchos niveles por encima de él. Si tenía problemas con lo que fuera que estuviera dentro, entonces definitivamente podría matar a Oslo.
Otto negó con la cabeza para responder, sin embargo: —No es lo que piensan —dijo, y pronto la puerta se abrió de golpe.
Obi salió, con el rostro muy sombrío.
Con una mueca, extendió la mano hacia el interior de su carruaje, y sacó un brazo pequeño—
Un niño de unos diez u once años bajó, avergonzado y pareciendo un poco asustado.
Su cabello rubio ahora estaba encrespado y polvoriento, y sus ojos un poco enrojecidos.
Esto hizo que los demás se quedaran boquiabiertos de la impresión, sintiendo un nudo en el estómago por lo que implicaba la aparición del niño.
—¡¿Honda?! —exclamó Oslo, mirando al niño—. ¡Ah, mierda de orco!
Estaban muertos. ¡Estaban muertos!
—Debe haberse escondido en uno de los baúles —bufó Obi, cruzando los brazos con molestia. Él estaba incluso más asustado que Oslo. ¡Ese mocoso se escondió en un baúl de su carruaje!
¿Lo golpearía su hermano mayor por no darse cuenta?
No, ¡definitivamente no! Sin embargo, diría: “¿Qué clase de guardia deja que una persona viva entre a su carruaje sin saberlo?”
No era mentira —su hermano siempre había sido brutalmente directo— ¡y eso era lo que lo hacía más deprimente!
Ante esto, no pudo evitar lanzar una mirada molesta al pequeño de ojos enrojecidos. —¡Habla!
—Yo… yo quería venir… mamá no me dejó…
—¿Entonces decidiste escabullirte? —chilló Obi, antes de forzar su voz a un tono más grave y varonil, tratando de aparentar más autoridad de la que tenía.
Los gemelos suspiraron, sin embargo, ya pensando en las implicaciones. —Ahora tenemos que encontrar un territorio con oficina de correos —dijo Olga. Después de todo, las cartas etéreas no podrían llegar tan lejos.
Detrás de ellos, Oslo miró al cielo.
Y decían que él era el Niño Dolor de Cabeza…
____
Basset Town, 180 km al este de Altera
Llegaron a un pueblo pequeño de nivel 1 llamado Basset Town, al norte de su ciudad. Estaba a solo unas decenas de kilómetros fuera del camino, pero no demasiado lejos.
Tenía los muros estándar de nivel 3 de los pueblos y edificios de dos o tres pisos. Las distancias entre centinelas eran superiores al promedio, de unos 300 metros de separación.
Era un pueblo relativamente nuevo que acababa de ser mejorado un par de años antes, pero el desarrollo era más o menos constante.
Encontraron la oficina de correos de forma cuadrada y entraron, pagando una cierta cantidad de plata para enviar una carta a su ciudad.
Fue muy angustiante y no se atrevieron a alejarse demasiado por si recibían una carta de respuesta.
El grupo se quedó en el vestíbulo. Era una configuración normal, pero Oslo se había malacostumbrado en Altera, así que no pudo evitar murmurar un par de quejas aquí y allá.
Por ejemplo, decía algo como: “Tsk. ¡Nada de hospitalidad!”
O: “No agregar ningún carácter al edificio es como poner paredes y techos en cualquier lado”.
Eso solo impacientaba a los demás, especialmente al ya nervioso Obi, que iba a preguntarle al empleado si habían recibido respuesta cada pocos minutos.
El empleado se estaba molestando, pero Obi era tan apuesto y majestuoso que parecía excusable. También estaba el hecho de que el destinatario de la carta era de Bleulle City, así que no se atrevía a mostrar ninguna insatisfacción.
Solo revisaba cuando le preguntaban. Abría la boca para decir que no, como había estado haciendo los últimos minutos, pero sus labios se cerraron cuando vio que ¡una respuesta había llegado!
Obi dio un respingo, y los demás se pusieron de inmediato a su lado.
—¿Ya?
¿Su hermano mayor estaba pasando el rato en la oficina de correos?
El empleado intentó mantener la calma mientras soportaba la energía nerviosa de los individuos de alto nivel de la Ciudad. Se aclaró la garganta y, temblorosamente, les entregó el papiro sellado. Los rubios se lo quitaron apresuradamente, acurrucándose en un rincón alejado del edificio.
Nerviosamente, los hermanos miraron la entrega, ligeramente temblorosos.
Vieron que eran dos cartas según los sellos. Una era de sus padres y otra de su hermano.
Para facilitar su salud mental, decidieron abrir primero la carta de sus padres.
La carta de sus padres se podía resumir en: “Esperamos que estén bien, cuídense, cuiden especialmente a Honda, y traigan muchas cosas, especialmente esas salsas, y perfume, y…” Etcétera.
Esto les hizo exhalar un suspiro de alivio, pero solo por un momento, porque su visión periférica les recordó de inmediato la carta de su hermano.
—Entonces… ¿quién la va a abrir? —preguntó Otto, mirando la carta en la mano de Obi.
—Yo no —dijo Obi, intentando pasársela a cualquier otro que no fuera él mismo. Trató de empujársela a Oslo, quien retrocedió y levantó los brazos.
—¿Por qué me miras a mí? Tú eres mayor.
—Eres menor. ¡Obedéceme!
Oslo rodó los ojos. —No fue en mi carruaje donde lo encontraron.
Ante esto, Obi no pudo evitar lanzar una mirada furiosa al pequeño, que fue a esconderse detrás de su tía. —¿Por qué elegiste mi carruaje?
El niño lo miró con esos ojos grandes e inocentes. Frunció los labios antes de responder, con una expresión muy seria en su rostro.
—Porque tiene la bestia más fuerte —dijo. Era su Kola favorita.
—…
La traducción es del inglés al español, son varios los que revisan los capítulos así que puede que algunos nombres se cambien, para notificar sobre esto hacerlo en el discord y con gusto lo cambiaremos:
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